¡Ah! Ese sí que es uno de los máximos placeres del viajero independiente. Saber que tenemos todo por delante, caminar por calles que jamás pisamos antes, descubrir esos tesoros que solo vimos en fotos o videos y sentir ese impulso interior que nos empuja hacia lo nuevo por conocer» es un momento verdaderamente mágico.
Aunque… tan “nuevo por conocer” no es del todo cierto.
Porque, casi con seguridad, antes de llegar hicimos una pequeña trampa.
Una trampa que nos ayudará precisamente a convertir esa experiencia de recién llegados en una circunstancia amena y sosegada, en lugar de una mera odisea. Una trampa que nos permitirá observar, orientarnos, tomar nuestras propias decisiones e incluso llegar a nuestro alojamiento sin recurrir necesariamente a un taxi o a alguien que venga a recibirnos.
¿La trampa?
Antes de llegar a esa ciudad nueva estuvimos investigando, estudiando, mirando mapas y consultando. En una palabra, estuvimos preparándonos para ese momento.

Dicho así, puede parecer una enormidad de trabajo previo. Pero no lo es.
La preparación es parte del viaje independiente. Más aún: como se diría por allí, es “parte del espectáculo”. ¿La vamos a perder?
Y como si fuera poco, esa preparación nos premia con numerosas ventajas.
Acudir a un taxi, por ejemplo, puede suponer un desembolso considerable. Hay países donde la tarifa de un trayecto puede superar lo que pagamos por un vuelo en una aerolínea low-cost. Si disponemos de una alternativa de transporte público, ¿por qué desaprovecharla?
Preguntar al primer transeúnte que encontremos dónde queda determinada calle también puede conducirnos a resultados dispares. Podríamos terminar dando vueltas con el equipaje a cuestas para encontrar nuestro alojamiento, perdiendo más tiempo del que demoró nuestro vuelo internacional. ¿No es más sencillo conocer de antemano dónde está y cómo llegaremos hasta allí?
Y si arribamos de noche, el desafío puede ser todavía mayor. El sentido de orientación suele flaquear, algunos comercios y restaurantes ya estarán cerrados y quizá terminemos acostándonos sin cenar. Una buena aplicación de mapas instalada o activada previamente en nuestro teléfono puede resolver muchos de esos inconvenientes antes de que ocurran.
Estas no son cuestiones casuales que abordaremos al azar. Son situaciones reales que podemos encontrar al llegar a una ciudad nueva.
Y cuanto más preparados estemos, más confiados nos sentiremos. Ese temor a lo desconocido, que desalienta a tantos viajeros, comenzará a diluirse casi sin darnos cuenta.
Hasta que aparece ese preciso instante en que comprendemos algo que vale mucho más que haber encontrado nuestro hotel sin dificultades: después de todo, llegar a una ciudad que todavía no conocemos no era tan complicado.

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