Diario de viaje

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2–3 minutos

DE LECTURA

Por más que parezca sorprendente, la declaración de la ciencia es categórica: aunque el ser humano puede acumular una cantidad increíble de recuerdos, termina olvidando casi todo lo que ha vivido.

Pensándolo bien, nadie se animaría a contradecir esta realidad. Después de todo, ¿quién podrá acordarse de la ropa que usó tal día de tal mes del año pasado? ¿O qué almorzó o compró en el supermercado hace apenas 20 días?

En un viaje, estos “olvidos” también ocurren. Y a veces mucho más que en el quehacer cotidiano, porque se vive dentro de una vorágine muy diferente, con sucesos nuevos cada día, o incluso cada hora, con escenarios no frecuentados y situaciones permanentemente cambiantes.

Podrá recordarse lo vivido en cada jornada, pero, a medida que estas se acumulan, la precisión se va perdiendo. Y al retornar a casa es posible que la cabeza de cada viajero se convierta en el hospedaje de un monumental popurrí de lugares visitados, medios de transporte, excursiones, hoteles y experiencias que tratan desesperadamente de encontrar una secuencia lógica.

“¿Dónde fue que conocimos a esa gente tan amable y conversadora?”

“¿Esta foto es de Egipto o de Túnez?”

“¿Qué decidí hacer el día que encontré el jardín botánico cerrado?

“¡Nos cobraron una valija extra en el aeropuerto!”, “No, eso fue en la estación de trenes”, “¿O en el ferry?”

Dudas, mezcolanzas, vacilaciones… a veces discusiones entre el grupo de viajeros. O la incertidumbre que invade al que se aventuró a ir solo y no tiene a quién consultar.

Ya que la mente es tan especialmente frágil a la hora de atesorar los recuerdos que todo turista posee, entonces, ¿por qué no ayudarla?

Llevar un diario de viaje es un recurso que ofrece una gran cantidad de ventajas, porque la palabra documentada adquiere una dimensión que la memoria no siempre proporciona de manera confiable.

No obstante, podría argumentarse que dedicar un tiempo para esta actividad sería una obligación indeseada. Pero no es así. Cada cual elegirá qué registrar en su diario y cómo hacerlo, sin por ello crear “atadura” alguna.

Pueden bastar unos pocos minutos por día. Lo ideal es realizar estas actividades durante el viaje, al promediar o finalizar cada jornada. Es el momento en que los recuerdos de ese día se mantienen vívidos y aportarán información valiosa. Posponerlo para otra ocasión, o incluso para el regreso, ya supondrá bastante más imprecisión y confusión.

Claro, es cierto que la mayoría de los viajeros no son escritores. Pero lo interesante es que ni siquiera hace falta escribir. Un diario de viaje también puede narrarse. El teléfono móvil permite grabar la voz. Si se desea, existen aplicaciones para después convertir la voz en texto. O bien, para llevar a cabo las dos cosas a la vez.

Además de la función que cumple todo diario personal, el diario de viaje cobra, con el tiempo, una importancia fundamental. Porque hasta puede transformarse en una extraordinaria fuente de consulta capaz de emplearse no solamente para recordar al detalle el viaje que acaba de finalizar, sino también para planificar viajes futuros.

Y si no hay viajes futuros, tampoco importa. La recompensa que queda depositada en ese diario de viaje será para toda la vida, al igual que las fotos, los videos y los souvenirs.

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